Capítulo 1: Obsidiana Negra

Al comienzo, la primera vez que conocí los Huevos Yoni, me presentaron el de Cuarzo Rosa y el de Obsidiana... debo reconocer que sentí una atracción inmediata hacia el Huevo de Obsidiana, sin embargo, estaba amamantando a mi hija y solo tenía 10 meses de vida. No era el momento. comencé con cuarzo rosa, y luego vinieron otros cristales.


Con el tiempo sentí cierto rechazo, ya que la Obsidiana es una piedra volcánica que nos lleva a sumergirnos hacia los misterios y las oscuridades de la psiquis femenina. Un terreno muy complejo de explorar y que con el tiempo también fui integrando que no era necesario pasar por la sombra o los eternos procesos de la vida para encontrar respuestas o sanar. De hecho, mi medicina ha sido realmente re conectar con el placer, el goce y la belleza... desde ahí pude abrazarme, y también siento que es desde ahí donde he logrado integrar las herramientas para poder crear los espacios de encuentro.


Sin embargo, un día simplemente sentí "el llamado" como le dicen, y que yo lo traduzco como el tilín tilín... que es esa punzada en el ombligo que te da vueltas y vueltas.


Y ese momento llegó cuando en mi interior sentí la necesidad de pisar firme la tierra con mis pies y dejar que salieran libremente mis alas multicolores de mariposa para poder también volar libre.


Cuando sentí el tilín tilín, sabía que no había vuelta atrás y cómo las grandes decisiones que he tomado en mi vida siempre han sido confiando en ese pulso, esta no fue la excepción, la transformación hoy la siento a flor de piel.


Busque el acompañamiento necesario: psicóloga, flores de bach y ROAF tenía el kit.

Comencé el viaje mucho antes de usarlo de forma intravaginal.

El huevito me acompañó primero en el altar, durante las primeras semanas estuvo impregnandose de su presencia en mi hogar.

Luego me acompañó en mi viaje a Brasil, lo llevaba en su bolsita de lana y bañé en sus aguas. Le hablaba dulcemente, le pedía que abriera mi corazón de forma suave y amorosa. Le pedí con dulzura, lo bañé en aguas cálidas... lo impregné de esa belleza.

Y me protegía en el viaje, estaba sola con mi hija en un país que no conocíamos que no hablábamos el idioma y además en una isla en medio de la selva. Nos pilló la pandemia, estaban cerrando las fronteras.

En ningún momento nos faltaron las manos amigas y la ayuda. Estábamos protegidas, mi huevito nos estaba acompañando. Al llegar a casa, lo volví a poner en el altar... al bajar mi sangre comenzaba el viaje. Pasaron unos días y bajó mi sangre.


De los 3 ciclos lunares que usé de forma intravaginal el huevito, recuerdo claramente que lo primero fue un golpe que me llevó profundo a poner los pies en la tierra, pasé por un cambio a nivel físico que me tiró al suelo. No tenía ánimos, todo el día estaba cansada... tenía sueño. Los primeros días sentí resaca, y no había probado ninguna gota de alcohol. Y es que si quería entrar a ese lugar, había que ir directo a la mierda. Reviví todas esas heridas sexuales, volví a sentir esa violencia y rabia hacia mi misma. Me miraba y no me reconocía. Fue una sensación que realmente no se la recomendaba a nadie, pero entre meditación y palos zen... comencé a dejarme fluir en el viaje. Y salió la primera perla del viaje, logré dar un paso de acción frente a transparentar la verdad entorno a un tema específico, movilicé todo... saque fuerzas, pedí ayuda, entregué la responsabilidad de lo que me no me correspondía y abrí la caja de pandora. Lo cual me acompañó durante estos 3 meses hasta que finalmente todo se aclaró.


A nivel personal, en el segundo ciclo sentí mayor energía pero ganas de hacer cambios a nivel físicos... comencé con cambios en mi alimentación. Empecé a movilizar mi cuerpo con mayor frecuencia. Y de pronto, empecé a sentirme más cómoda con mi piel. Empecé a sentirme más. A explorarme de una forma diferente en mi sexualidad. A sentir más deseo sexual, a buscar opciones diferentes de llevar mi erotismo. Y también recibí muchos piropos de diferentes personas, cómo si se empezará a notar la diferencia.

Comencé también a hacer un cambio en mi forma de crear, a decidir hacer diferentes cosas y creer realmente en mi. En lo que hago y en lo que entrego.


Al tercer mes con la metamorfosis a flor de piel también hice bastantes cambios en mis relaciones, en darle un verdadero cierre a todo lo que ya no era o ya no iba conmigo . Y esto lo fui comenzando a desarrollar en mi, con esos vacíos que tratamos de justificar con hechos de otros o poner la responsabilidad en terceros.


Sentí que era hora de mirarse al espejo y mirarme de nuevo, recordar como comencé este viaje.

Recordar que en muchos sueños solo veía oscuridad, y que entraba en una gran cueva con una antorcha para gritar con rabia: por qué? por qué me hiciste esto?

Y ahí estaba mi niña de 9 años, mi niña de 11, mi adolescente de 14 años y la mujer niña que permaneció hasta los 26 años viviendo desarmonías, esa cueva era mi útero.

Y la respuesta fue que días antes de terminar el último ciclo antes del primer descanso, fue que bajó mi sangre.

Roja, sin dolor, clarita y llenando de belleza mi entrepiernas... me miré al espejo y me miré los ojitos: brillaban. Me miré y vi a una mujer, me vi como mujer. No como niña, no como adolescente, no cómo la niña mujer que habitó un cuerpo que le dolía vivir, sino que hoy ví a una mujer que ama su cuerpo, ama sangrar... ama sentirse.


Días antes sentí el tilín tilín también a cerrar este viaje, no hacerlo el año completo como se sugiere, sino que a hacerlo solo tres meses, luego descansé otro ciclo completo y hoy vuelve a bajar mi sangre. Y puedo plasmar todo esto en palabras.


La obsidiana negra me enseñó que la oscuridad también puede ser un lugar donde te vas a ver vulnerable, indefensa y con las heridas bien abiertas. Y hay que ser muy valiente para hacerlo, hay que saber exactamente cuando es el momento y hasta cuando puedo hacerlo.

También pedir ayuda y saber hacerlo sostenida. Romper la crisálida es una decisión para corazones valientes porque duele, pero al otro lado del dolor... está la belleza de salir de ahí.


Hoy vuelve a estar en un lugar muy especial, en mi altar personal. Porque me protege, cuida y guía para seguir afirmandome en tierra firme y ayudandome a seguir volando libre.







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